María Smith* era una empleada de una empresa productora de plásticos en Colombia. Durante 36 meses consecutivos aprovechó su cargo de coordinadora de nómina para defraudar a la compañía en 1.770 millones de pesos.
Tras ser descubierta, los investigadores detectaron que María era una persona con problemas de autoestima.
Además, el hurto lo hacía porque quería solucionar problemas financieros de sus familiares y mantener económicamente a su pareja sentimental.
En la empresa ella ejercía cierto nivel de poder porque en sus manos se concentraban varias funciones de pagos de nómina y autorización de otras cuentas del personal.
Otro caso fue el de Pedro Lehman*, que era analista de tesorería en una empresa manufacturera. Durante tres años defraudó a la compañía en 2.845 millones de pesos.
También era una persona emocionalmente inestable y siempre tuvo el deseo inmenso de superar su nivel de vida sin importar los medios.
Estos son ejemplos de fraude que han sido detectados en empresas colombianas en los últimos meses y que han servido a los investigadores para tratar de identificar perfiles de personas que pueden caer en la tentación de robar a sus compañías.
La defraudación es un fenómeno que va en alza en el mundo y la situación en Colombia es alarmante. Muchas empresas tienen presupuestadas las pérdidas que sufren por los fraudes. Se estima que en Estados Unidos las organizaciones pierden el 7 por ciento de sus utilidades al año por esa situación.
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