Falta de planeación y los 'robatiempo' son factores para que el reloj sea un tirano en el trabajo
"Se acabó el día y no hice nada". ¿Cuántas veces ha dicho esta frase en los últimos días? Es frecuente sentir esa sensación de frustración al final de un día de trabajo. Puede que haya terminado agotado por tantas cosas que hizo, pero al revisar la agenda y las tareas, resulta que todavía hay pendientes otras tantas que exigirán tiempo extra para poder evacuarlas.
Y eso no pasa sólo en la oficina, también puede suceder con las actividades domésticas.
Saber distribuir el tiempo, priorizar tareas, cumplir con la agenda a veces resulta una labor titánica para muchos profesionales. Y no tener esas habilidades puede repercutir en una menor productividad, un mayor grado de estrés, un precario balance en la calidad de vida y hasta llegar a afectar la salud.
Desear que el día tenga más de 24 horas es una añoranza que se da con más frecuencia en las personas a este lado del mundo. Los europeos, estadounidenses y japoneses son muchos más organizados y disciplinados, saben respetar la agenda y cumplir horarios.
"Los latinos manejamos el tiempo más olímpicamente y vivimos de las urgencias porque dejamos todo para última hora", comenta Liliana Romero, de RYM Capacitación y Eventos, entidad que dicta cursos para que el tiempo les rinda más a las personas.
Precisamente, por andar arreglando las urgencias no se hace lo importante y las urgencias se presentan por no hacer lo importante cuanto tocaba. Y a la hora de resolver las primeras, implican más dedicación, contar con un tiempo extra y terminar haciendo una tarea mediocre por no tener el tiempo necesario para resolver la tarea.
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